Recuerdo bien ese día, caminaba como de costumbre por aquellas calles atestadas de personas sin rumbo que se dirigían hacía donde su rutina les dictaba. Hacia frió y un horizonte gris despertaba con el sol, que tenuemente lograba traspasar por aquel oscuro firmamento. Lo escudriñaban toneladas de nubes perezosas, excelentes transmisoras de un melancólico estado de ánimo contagiando a todo aquel que por debajo de ellas se situase.
Entre empujones, pisotones y malas palabras, era imposible no hacerce del mal humor, desesperación y la prisa mecánica que como ántrax se esparcía en esa atmósfera. Hacia el norte y hacia el sur se pintaba monocromáticamente una avenida, mas con el pisar cotidiano de manadas de gente, se hacía pedazos. Pareciese ver llorar las paredes de los edificios que se levantaban para adornar los laterales del sendero, más no de tristeza, sino de desesperación al no poder voltear la mirada a ninguna otra parte.
El sonido ambiental era exquisitamente aburrido… de vez en cuando, se podía escuchar el toser de alguien a contra calle, o el rosón al piso con el zapato del peatón de enfrente a punto de tropezarse con su pie izquierdo; o mejor aún, el rechinar de las llantas de un carro que no pudo detenerse ante el fabuloso camuflaje del bache que coronaba la esquina.
Algo hizo especial ese día, entre toda esa masa de “dizque humanos”, alguien se atrevió a dar una carcajada… Resonó por toda la calle, todos quedaron paralizados ante aquel suceso. Muchos salían de su rutina y les daba miedo, pero la burla, que manaba de algún lugar no cesaba. Lo peor es que me daba risa escuchar ese descarado sonido.
Decidí ir contra corriente, empujando, apisonando, arañando, golpeando; abriéndome paso, pero no para llegar a donde todos querían, sino para alcanzar lo que todos temían. Quería saber de donde provenía aquella siniestra expresión de alegría. Anduve así durante un par de minutos y por primera vez me salí del sendero recto. Al seguir aquel abrupto sonido me vi obligado a dar vuelta a la izquierda.
Vaya que era raro, era un pequeño callejón en penumbra, se abría brecha haciendo tangente de profundidad a tres metros de la calle principal. Extraño sitio había encontrado, lleno de sombras y agua fría regada por todos lados.
No resultaba difícil de creer, que un loco se refugiase en el rincón oscuro de un callejón olvidado, pero quería saber más a cerca de ese, caminé lento hacia él, me senté a su lado. Ya no reía, estaba en silencio como todo el lugar… parecía aislarse del entorno. Me atreví a preguntar -¿Quién es usted?- pero no contestó, prefirió llevarse el dedo a los labios en señal de silencio. A pesar de la aparente grosería no pude retirarme, pues mi curiosidad predominaba ante mi juicio común.
-Ya está- respondió el misterioso personaje. Al salir de su transe, movió la cabeza y así la figura de su rostro pudo sacudirse de las tinieblas que lo envolvían. Para mi sorpresa, no era un viejo. Tenía aproximadamente 20 años, de cabello rizado y enmarañado, ojos bien abiertos, de mirada penetrante, algo ñango y de postura triste. ¿Que hacías? –pregunté. Se tardo un par de segundos en contestar. Cuando lo hizo fue de una manera tan cortante que por mi mente pasaron infinidad de insultos para dedicarle. Él contestó – pensaba- Ante la fría respuesta decidí retirarme y seguir mi camino – qué tipo tan insoportable- pensé. Antes de que pudiera hacer el instintivo movimiento de pararme prosiguió con su respuesta. Pienso en… sabes, escuché a alguien decir – con sueños no se pagan facturas- y en eso pienso: cómo pagar mis facturas con mis sueños.
Me quede perplejo ante la respuesta de aquel. Pareciese que podía ver más allá de lo que mi mirada reflejaba, porque se adelantó y comentó rápidamente – Me reía hace un momento por que al interrogarme, me di cuenta de que ellos nunca podrán comer de sus sueños- hubo una pausa y señaló a la calle principal donde miles transcurrían con la cabeza en alto, pero sin poder ver el horizonte, pues el cráneo del de enfrente lo impedía.
Volvió a reírse hasta que le dolieron las entrañas y guardó silencio de nuevo. ¿Qué haces aquí?-cuestioné- Definitivamente es mejor estar aquí que allá – y señaló a donde caminaban sin cesar. En un ultimo intento de forzar la plática se me ocurrió preguntar ¿no te sientes sólo?, sentí que le brillaron los ojos, aclaró su garganta y comenzó.
Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre — ¡qué bueno!— han de estar solos.
Deberíamos ser todos como Sabines utopisaba a la gente, sin Dios, sin Diablo !vacíos¡ pero de una costilla a otra. Siendo peatones por no ser soberbios, como Adán y Eva: ingenuos, no estúpidos. Observando las estrellas en el día; admirando el entorno, su crecer… -él, suspiro profundamente y continuo-
Los edificios no crecen, las estrellas ya no se ven por el humo del progreso : smog… la gente no mata a sus sueños; por que un sueño muere cuando se hace real. Y si no los hacen realidad no pueden pagar sus deudas con ellos.
Chasqueo los dedos y dijo –Ya sé… aniquilemos a unos cuantos -estaba estupefacto mientras razonaba todo lo que decía, el tipo metió su mano a un morral que le colgaba de lado y saco una libreta, una pluma y empezó a escribir.
Aprendamos a tocar violín- ¿Para que?-por instinto pregunté - y con voz jovial dijo – para cuando nuestra voz no sea suficiente, él hablé por nosotros. De paso construyamos uno. Estas loco –dije – no sabemos nada de construir violines. No hay imposible- dijo casi gritando de felicidad. ¿Para que construir un violín?. – Me contesto ágilmente- será… será como la casa de madera donde descansará nuestra alma.
Siguió apuntando en su libreta de manera expresa las características de su instrumento imaginario. –Escribamos un libro-¿un libro? – De nueva cuenta no sabía que le sucedía - Si, siempre quisimos estudiar medicina, más la buena lectura cura mejor que cualquier medicamento.
¿Cómo rayos sabía que quería ser médico? – estuve tentado a preguntarle, pero, no hallé la oportunidad puesto que no dejaba de hablar eufóricamente. – rompamos nuestras cadenas y recorramos el mundo sin grilletes que arrastrar. Aprendamos de lo que ven nuestros ojos, no de lo que mide la lógica. No midamos el tiempo, vivámoslo. Veamos en lo feo lo bello y en lo oscuro la luz y si lo más oscuro es interesante dediquémosle también una mirada.
Hasta ese momento no me había dado cuenta de que hablaba con migo mismo. Que él, tenia la capacidad de gritar mis sueños reprimidos, de reírse de si mismo, porque caminó con los ojos cerrados como los demás. Le pregunté ¿Que hago si nos critican y con sus lascivas palabras agobian mi inspiración?… por primera vez se quedo serio, suspiró, yo quise hablar, pero al igual que la primera vez, me interrumpió llevándose el dedo a los labios. Ya sé –gritó de emoción- caminemos por el mundo, hablando a quien nos hable, respondiendo a quien nos pregunte… si ves que alguien se tambalea empújalo, pero si encuentras a quien se aferre al mundo ayúdalo a sostenerse. Pareceremos huraños por fuera, más amigo sincero se encontrara él que por las apariencias no se deje engañar; así quien de critique lo hace sin fundamento alguno.
Estaba ahí, tirado en el callejón, hablando con mi reflejo en un charco… bastaba volverme loco para comprender la realidad que me aplastaba, me agobiaba, y marchitaba poco a poco. Resulta que este soy yo, soñador, aventurero, artista, demente… un triste que ve a colores, un alegre sin horizonte, un amante en “Mi” sostenido, un esclavo de la breve filosofía que mis cegatones ojos ven y mis huesudas manos atrapan cual si fuese agua de un rió enardecido.
Hoy camino buscando el sol en la noche, aleteando en el agua y nadando el cielo, contándole cuentos a la luna para que no se duerma. Haciéndole cosquillas a las sombras para que parten el silencio con sus risas… Busco a Dios para preguntarle que es lo que más odia y al diablo para que me cuente su chiste blanco favorito. Me como los atardeceres bruscamente con mordidas asesinas, apresurando la noche, para acariciarle sus cabellos a la muerte justo antes de dormirme. Vuelo con dragones, nado con leviatanes y tomo él té a media noche, con mi muy querido… demonio custodio.
Por profesión soy un comunicador de sueños, por afición soy luthier. Mi hobbie: Ser el personaje de mis historias y mi obligación… ser yo, Josué
* Luthier , Antigua profesión , también conocida como laudero. Que es aquel que se relaciona directamente con la construccion y reparacion de instrumentos musicales.


3 comentarios:
Una buena narrativa arisca pero consistente y unas imágenes muy interesantes.
A veces el encontrarnos con nosotros mismos no es trabajo de la filofia o de algun profeta avenido, encontrarnos con nosotros esta en nuestras manos.
Salvadme Poseidon te lo imploro! Oh poderoso señor de los mares salvadme!... No! hasta que admitas que los dioses no pueden hacer por los hombres lo que es su deber-Poema antiguo-
Hola, a pesar de que la historia esta escrita con ese estilo nada minimalista, el cual no es precisamente mi favorito, logro llevarme hasta el fin, me questione sobre el personaje que reia y obtuve un buen sabor de boca al descubrir quien era realmente el personaje en el callejon. Mis partes favoritas? El uso del poema de los Amorosos, la reflexion tan naturalmente incrustada en el relato y que resumieras el concepto de luthier en lo que a ti te gusta XD, pues un luthier tambien construye y repara guitarras. Saludos.
Gracias por los comentarios y por haberse aventado todo el texto, en verdad gracias.
En relacion a la palabra luthier, su contexto historico hizo que se envolviera en ella todo lo relacionado con la construccion y reparacion de instrumentos musicales, sin embargo la raiz como tal deriva que es el constructor de laudes ( primo directo de la mandolina y el violin), instrumentos netamente europeos. La guitarra viene de india cons su conotante citara y curiosamente la adopta españa gracias a la comercializacion en los carromatos gitanos.
MAnteniendo un lineamiento en cuanto a costumbre, el laudero o luthier ( como en inglaterra se le conoce) solo atiene la construccion y nesecidades de instrumentos de cuerda y arco y de afinacion en cuartas. Es por eso que diverjo un poquito con aquello de las guitarras, pero en fin, ni la real academia de la lengua ha logrado caer en cuenta del dilema de dicha palabra y por ello no existe aun en el diccionario.
PEro acotaré de forma más incluyente el texto :P
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