Se rompió el horizonte en doscientos fragmentos,
se olvido nuestro nombre , nuestra historia.
Veinte mil doscientos trece años cantamos en silencio.
En un solo día no pudimos prender fuego;
Pasión en los corazones y entender el susurro del espíritu.
Cuatrocientas quince lagrimas al minuto, por par de ojos,
multiplicado por la humanidad crearon un mar negro y vagabundo
en el que naufragan nuestras almas por el infinito.
Mueren ahogados los sueños y las almas se deshidratan.
Y se oyen llantos como violines. Pero dios no quiere escuchar.
Nunca se le dio eso.
sábado, 9 de febrero de 2008
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