
En la penumbra de la locura baila tango el diablo con la muerte.
Por los salones oscuros de la mente duendes corren con los labios ensangrentados y
manos sucias en las paredes describen el choque de los cuerpos al querer mover lo que no se puede desplazar. La luz que se filtra entre ladrillos mullidos, sólo sirve para agigantar las sombras que correrán rasguñando piedras y sinfonizando tonadas pandemonicas.
¡Ay mundo lucido! lleno de soles al atardecer. Dices que ando loco tambaleándome por las calles, sabes que cuando cuento cuentos, sólo hago crónica de la vida que ven mis ojos.
Dejadme ser un desquiciado, sin juicio por tanto sin prejuicio. Es más loco, el que nos señala, puesto que su enfermedad le grita al oído –Soy cuerdo.
Que los psiquiatras se vallan al infierno y nosotros los endemoniados, al mundo que tanto soñamos.



