domingo, 24 de febrero de 2008

Naufragio.

Duele saber que escuchan
pero no levantan la mirada.
Es triste saberte nube,
entre la bóveda y los mares.

Más doloroso es mirarte demonio,
por sus inestables emociones,
por su ignorancia arrogante.

Lloro. Mas ya no duele.
Caen lágrimas que rompen
y me arrepiento de arrojarlas,
por que alimentan su barbarie.

Ambos continentes me reclaman.
Llevo años naufragando entre
sus mares.
No conozco tierra firme. Mi balsa se
Carcome con la sal del agua, pero he
perdido el mapa.

Se a donde quiero llegar,
Es ahí donde mis sueños
aterrizan sus cansadas alas
rotas.

Si no llegó ahí, no quiero otro lado.
Si es otro el destino prefiero morir.
Si muero lo haré sonriendo,
si sonrío estaré feliz.
Porque morí antes de ahogarme
en una tierra ajena después del naufragio.
Donde raíces y ramas de árboles crecen erectos
Donde las piedras son planas o esferas,
Encontrando caminos eternos de horizontes
que reflejan el materialismo ideal de los que habitan
y no viven.

martes, 12 de febrero de 2008

De la despreocupacion y la ciencia.

Viajé al cielo a hablar con Dios
pero estaba dormido.
Le jalé las orejas,
le hice cosquillas,
grité en su oído,
Y después de cien mil travesuras,
Contesto adormilado diciendo
-¿Qué quieres?-

Quizás todos se dedican solamente a pedir cosas
y esta cansado, pero yo iba a reclamarle un error.
Cuando se enteró de esto, se acurruco de nuevo y me dijo.
-Dile a la ciencia que lo arregle-


A final de cuentas la ciencia remienda los errores de Dios

Despierta.

Se derrumban las catedrales,
paredes se deshacen y las estatuas antes erguidas
corren desesperadas.

No es que falte fe, lo que nunca hubo
fue a quien dirigirla.
Ahora en su poder cree el hombre.
El cimiento de los templos no soporta su peso.

La humanidad despierta.

sábado, 9 de febrero de 2008

Numeros y agua

Se rompió el horizonte en doscientos fragmentos,
se olvido nuestro nombre , nuestra historia.

Veinte mil doscientos trece años cantamos en silencio.
En un solo día no pudimos prender fuego;
Pasión en los corazones y entender el susurro del espíritu.

Cuatrocientas quince lagrimas al minuto, por par de ojos,
multiplicado por la humanidad crearon un mar negro y vagabundo
en el que naufragan nuestras almas por el infinito.

Mueren ahogados los sueños y las almas se deshidratan.

Y se oyen llantos como violines. Pero dios no quiere escuchar.
Nunca se le dio eso.